Crianza: Las pautas para alcanzar una transición exitosa de los niños en el entorno escolar.

 




Obligar a los niños a enfrentar el miedo y la angustia de separarse de sus padres al comenzar el año escolar con el propósito de que se queden en la escuela es una experiencia traumática. De hecho, desde la perspectiva de los niños, podría considerarse como su primera experiencia de violencia escolar en toda regla. Aunque normalmente asociamos la violencia escolar con el acoso entre compañeros, somos los adultos quienes infligimos violencia desde el principio, quizás por falta de conocimiento o tal vez por no priorizar adecuadamente las necesidades de los niños y niñas bajo nuestra responsabilidad en nuestras decisiones y acciones organizativas.

Sin embargo, hay mucho que podemos hacer cuando la familia y la escuela trabajan juntas de manera organizada y planificada para que la experiencia de adaptación escolar de los más pequeños sea más amable y se ajuste a sus necesidades reales. Debe quedar claro que ningún niño o niña debería sufrir para adaptarse a la escuela. De hecho, si la escuela infantil se centra genuinamente en las necesidades de los niños, los pequeños no deberían tener dificultades para adaptarse.

Principios fundamentales para una integración escolar respetuosa
La psicóloga y autora Yolanda González Vara, especialista en prevención infantojuvenil, destaca en sus libros y conferencias que el paso de casa a la escuela debe ser un proceso sin traumas para los niños. Para lograrlo, se requiere la participación activa y cooperativa de la familia en la escuela durante un período que puede variar según cada niño y sus circunstancias al comenzar la escolarización. Por lo tanto, para lograr una integración adecuada a las necesidades infantiles, se necesita tanto formación como colaboración entre los profesores y la familia.

En la mayoría de los casos, las escuelas infantiles y las familias consideran normal que los niños lloren o experimenten angustia al adaptarse. Sin embargo, desconocen los procesos emocionales de los niños, la importancia de establecer vínculos de apego con sus profesores antes de sentirse seguros en la escuela y cómo lograrlo. Por lo tanto, es esencial formarse y organizarse para establecer un proceso real y completo en el que el niño sienta que su adaptación escolar ha sido un logro personal, en su propio tiempo, y no una imposición externa basada en las expectativas y exigencias de los adultos.

Cada niño o niña se adapta a su propio ritmo, primero desarrollando un vínculo de apego con su profesor como figura de referencia secundaria, y luego, sobre esa base segura que le permite explorar y jugar, establecerá vínculos con sus compañeros. No es al revés, como muchos creen. A menudo, los padres piensan que sus hijos estarán contentos en la escuela porque harán amigos, pero primero necesitan un vínculo seguro con un adulto en la escuela para luego relacionarse con sus iguales con confianza.

Los indicadores de una adaptación escolar exitosa incluyen la ausencia de llanto y angustia, pero no es suficiente que dejen de llorar; también es importante observar la ausencia de retraimiento y pasividad, así como la presencia de exploración, juego y disfrute de la experiencia escolar por parte de los niños.

Para lograr este objetivo, se requiere una intervención antes del inicio escolar y otra para fomentar la relación con el profesor al comienzo del año escolar.

Intervención previa al inicio escolar
González Vara sugiere que involucrar activamente a los padres y educadores fomenta un ambiente de confianza que los niños necesitan para una transición respetuosa y suave.

La intervención previa debe llevarse a cabo antes del final del año anterior al inicio de la escuela. El objetivo principal es informar a las familias sobre la importancia, el propósito y la función de un proceso de adaptación escolar respetuoso y comprometer a los padres o la familia a participar activa y físicamente en el proceso. A menudo, las familias tienden a delegar demasiado en los profesores en asuntos escolares, sin darse cuenta de que su participación activa en las decisiones y acciones relacionadas con la experiencia escolar es fundamental para el desarrollo saludable de los niños, especialmente en la primera infancia. Por lo tanto, es crucial establecer una comunicación bidireccional efectiva entre la escuela y el hogar para promover el desarrollo psicológico integral de los niños.

Si los padres tienen dificultades para participar debido a circunstancias mayores, se puede considerar la posibilidad de enviar sustitutos de confianza, como abuelos o cuidadores con los que el niño ya tenga un vínculo de apego. Sin embargo, la presencia constante de un adulto de confianza para el niño es esencial si queremos lograr una adaptación escolar respetuosa.

Las reuniones informativas deben llevarse a cabo con suficiente antelación para permitir que las familias se organicen adecuadamente. Durante este período informativo, es importante que los niños conozcan la escuela, tengan acceso al aula y pasen tiempo allí con sus padres y educadores durante algunas clases antes de que termine el año escolar anterior.

Intervención al inicio escolar: proceso de vinculación
En esta fase, es fundamental priorizar la seguridad emocional de los niños.

Los niños siempre deben ir acompañados de uno de sus padres o una figura de referencia sustituta (como un abuelo o niñera) que debe permanecer en el pasillo o dentro del aula de la escuela en todo momento.

González Vara recomienda llevar a cabo esta transición de manera gradual, dividiendo a los niños en grupos pequeños durante un corto período de tiempo al principio y aumentando gradualmente las horas y los grupos a medida que avanza la adaptación. La entrada a la escuela debe ser flexible y no estar sujeta a horarios estrictos.

Es importante comprender que el proceso de vinculación lleva tiempo. Durante la primera fase de este período, el adulto familiar del niño debe permanecer en el aula, fomentando la interacción y la confianza entre el niño y el profesor mediante juegos y actividades de exploración.

A medida que el niño se sienta más cómodo, el adulto puede moverse gradualmente hacia el pasillo, pero siempre debe estar disponible. Mantener la puerta del aula abierta proporciona al niño la seguridad de que puede acceder al adulto de referencia cuando lo necesite.

Cuando el niño esté listo, el adulto puede salir durante períodos cortos de tiempo, explicándole al niño a dónde va y dejándole algo para cuidar como un objeto o pertenencia, lo que ayuda a desarrollar la confianza. Es importante cumplir la promesa de regresar en el tiempo acordado para evitar que el niño experimente un temor al abandono.

Este proceso puede llevar varias semanas o meses, dependiendo de las circunstancias individuales de cada niño. En algunos casos, si hay cambios significativos en la familia, como mudanzas, separaciones o la llegada de un nuevo hijo, puede ser complicado para los niños adaptarse a un cambio adicional que les cause estrés.

En resumen, la inversión inicial de energía, recursos y tiempo en establecer un proceso de adaptación o integración escolar respetuoso valdrá la pena a largo plazo. Esto resultará en un año escolar más armonioso, con menos complicaciones para los niños, sus familias y profesores. Además, se evitarán experiencias que puedan dejar secuelas emocionales duraderas en los niños. En definitiva, el esfuerzo vale la pena desde todos los puntos de vista.

Las ideas presentadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor.

Fuentes: // Yahoo Noticias // Google Imágenes // Berna Iskandar //




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